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domingo, 2 de diciembre de 2012
Fuerza, devoción y sacrificio
La voracidad de un incendio no discrimina entre una humilde casa en algún sector de nuestra capital o un robusto palacio sobre la cota mil; el fuego avanza en sus anchas derribando cualquier obstáculo que se presente a su paso. Al luchar contra este viejo enemigo, al cual se han enfrentado durante años personas nobles con sentimientos de abnegación, sacrificio y constancia han sido llamados “Los caballeros del fuego”, que sin pensar en lo que dejan atrás, corren veloces para protegernos y cumplir sus votos; dar la vida por el prójimo si así fuese necesario. Ellos, valerosos, avanzan en sus carros bombas con sus sirenas las que abren el paso alertándonos de que se ha producido una tragedia.
Estos sublimes y esforzados hombres y mujeres, acompañados por sus hachas y escalas, al llegar al siniestro se preocupan de dar lo mejor de sí para protegernos en nuestra indefensa posición. No podemos olvidar lo expuesto que se encuentran estos hombres al enfrentarse con el mismo infierno, creando una lucha casi invencible contra esta brutal bestia.
Probablemente ellos tienen de todo lo que soñamos siendo niño: un poco de astronauta, un poco de médico, un poco de poeta y de héroe, los amantes y enemigos del fuego
Si pensáramos en el fuego como un ser ecuánime, el cual tiene una etapa en que nace, se desarrolla, vive, y finalmente perece, podríamos quizás extrapolar esta idea a que, dentro de cada uno nosotros, existen fuegos internos los cuales muchas veces pueden ser extinguidos por nosotros mismos, o ser sofocados por algún factor externo.
Si cada uno de nosotros contara con caballeros del fuego dentro de sí, que nos ayudaran a contener nuestros propios incendios, sería mucho más fácil controlar nuestras almas y pasiones junto con dejar los sentimientos de culpa, rencores y odios, arrancándolos de nuestro cuerpo, como a la vez ayudarnos a avivar nuestras propias llamas para apoyarnos en ellas y engrandecernos llenándonos de gloria.
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